Las tecnologías reproductivas modernas y una determinación silenciosa se combinan para ayudar a mujeres ucranianas a convertirse en madres tras perder a sus esposos en la guerra.

«Irene tiene el mismo brillo pícaro en los ojos que su padre», dice Irina Farion, de 40 años, sonriendo mientras mira a su hija Oleksandra, de seis meses. La niña nació casi tres años después de que su padre, Oleksandr Alimov, muriera en combate.
Irina es parte del creciente grupo de mujeres ucranianas que dan a luz utilizando el material genético preservado de sus maridos fallecidos en el frente.
**Una historia de amor**
Para Irina, el nacimiento de Oleksandra representa la realización de un sueño largamente anhelado de ser madre y, al mismo tiempo, mantiene vivo el recuerdo de su esposo. «Ella es un milagro y la encarnación viva de nuestra relación», afirma mientras riega las flores en la tumba de su marido.
La pareja, ambos profesionales en tecnologías de la información, compartía la pasión por los viajes y muchos valores en común. Llevaban varios años intentando tener hijos cuando comenzó la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022.
Oleksandr sintió que no podía quedarse al margen y se alistó inmediatamente como voluntario en la defensa ucraniana, a pesar de no tener experiencia militar previa.
«Quería ser padre e incluso pensó en adoptar a un niño huérfano por la guerra», recuerda Irina.
En diciembre de 2022, Oleksandr fue abatido por un francotirador ruso en la región de Lugansk. En ese momento, un único embrión —el último de los intentos previos de la pareja— permanecía congelado en una clínica de fertilidad.
Ese último embrión se convirtió en el salvavidas de Irina. «Me ayudó no solo a superar la pérdida, sino también a encontrar un nuevo sentido a la vida», señala.
Tras meses de apoyo psicológico, oración, entrenamiento físico y cuidado riguroso de su salud, con el respaldo de familiares y amigos, Irina se sometió a la transferencia del embrión: «No había margen para el error. Era mi última oportunidad».
Oleksandra nació a finales de 2025.
**Inspiración para otros**
Casos como el de Irina inspiran tanto a pacientes como a médicos, asegura Lubov Mijailishin, directora de la clínica de fertilidad Lummeda en Leópolis.
«Esto demuestra que la vida triunfa incluso en tierra quemada», señala Mijailishin. La experimentada médica, cuyo esposo también sirve en el ejército, comprendió rápidamente desde el inicio de la invasión que la guerra tendría un impacto dramático en la fertilidad.
El estrés crónico, la falta de sueño y la exposición a contaminantes relacionados con el conflicto están afectando la salud reproductiva tanto de soldados como de civiles.
Mientras la guerra continúa, muchas mujeres enfrentan persistente inestabilidad y dificultades para encontrar pareja, debido a que cientos de miles de hombres sirven en el ejército.
Cada vez más ucranianos, tanto civiles como militares, están almacenando óvulos, esperma y embriones con la esperanza de ser padres cuando la situación mejore.
«Antes de la invasión, solo teníamos unos pocos casos de este tipo; ahora las cifras no dejan de crecer», destaca Mijailishin.
Su clínica ha ayudado a unas 20 mujeres militares, muchas de ellas en sus treinta años, a congelar sus óvulos. Actualmente, el Estado ucraniano cubre los gastos de conservación tanto para militares hombres como mujeres, y el personal mantiene los recipientes con nitrógeno líquido bajo estricta vigilancia.
**Una fuerte motivación**
Aunque no existen estadísticas exactas, la ampliación del programa nacional para la conservación de material genético implica que cada vez más mujeres ucranianas están dando a luz a hijos de maridos muertos en combate.
«El deseo de continuar el linaje familiar se convierte en una motivación extremadamente poderosa en las condiciones más difíciles», afirma Mijailishin.
Aunque cada historia es única, para las viudas que desean ser madres es fundamental creer que aún puede suceder algo bueno en sus vidas, incluso tras tanto dolor y pérdida, explica Irina.
Mientras mece suavemente a su hija, agrega: «Siento una gran responsabilidad de contarle quién fue su padre, cómo murió y por qué nuestro amor fue tan fuerte. Quiero que sepa que nació de un gran amor».
Agencia EFE.
