SAN PEDRO: Héroes con sangre misionera

Locales 02 de abril de 2018 Por
Porque cada abril lloran en silencio, porque el dolor de la injusticia se siente con más fuerza, porque saben que ya no son soldados, pero que ciertas luchas duran para siempre, Ko´ape rinde homenaje a los valientes de la tierra colorada en la voz de dos excombatientes, héroes anónimos del norte y sur de la provincia, que dejaron su huella y su corazón en Malvinas.
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Ángel Moreira es de Tobuna y actualmente vive en San Pedro, 1982 lo encontró haciendo el servicio militar en Monte Caseros, Corrientes, en la Compañía de Ingenieros 3 del Ejército Argentino; “viajamos el 11 de abril, éramos ochenta soldados especializados en campo minado, estuve en Puerto Argentino y luego fuimos a Gran Malvina”, recordó y añadió que “estando allá mi rol era minar campos, la costa”.


“La pasamos bien los primeros días, luego empezaron a faltar víveres y comenzamos a sobrevivir. Imagínense, combatir con hambre, frío, con el agua hasta los tobillos dentro del pozo de zorro. Era un infierno, cazábamos cordero, revolvíamos basurales, comíamos patos silvestres, era un verdadero calvario y cuando algún oficial nos agarraba robando nos pelaba la cabeza y nos estaqueaba, a mí me pasó”, confió.


“Por la noche los bombardeos, durante el día combate, así pasamos, pero soy orgulloso de haber defendido mi bandera. Hoy me siento bien, tengo mi familia, mis nietos y, si la patria me requiere, allí estaré, aunque claro, hoy ya no tengo 18 años, pero… listo para lo que sea”, acentuó.


Y remarcó que “me sostiene mucho mi familia, me ayudó seguir viviendo y por eso seguimos firmes con nuestra causa, a pesar que hasta hoy nos tiran con piedras y no nos dan ni cinco de bolilla, sigo adelante por respeto a mi camarada que quedó allá y que murió en mis brazos diciendo ‘decile a mamá que no llore por mí, que un día nos veremos’. Me tocó vivir y enterrarlos; no es fácil, pero tengo que vivir por mis hijos, nietos, esposa y mi madre, aunque hay días que te dan ganas de desaparecer; acá nadie nos da ni la hora, al contrario, te ignoran, como que seguís siendo el loquito de la guerra, hay muchos que se quitaron la vida a raíz de eso, yo no pido nada a ningún Gobierno, solo quiero respeto y el lugar que me corresponde”, porque “acá, en el corazón de la selva, hay uno que puso el pecho para defender la celeste y blanca sin pedir nada a cambio”, subrayó Moreira.


También en el sur misionero

Mientras que desde la Zona Sur de la provincia, Ramón Anselmo Franco, recordó que “pertenecía a Infantería de Marina, estaba en La Plata, salimos un 5 de abril del batallón, nos embarcaron y llegamos a Río Grande, Tierra del Fuego, allí estuvimos en la estancia María Behety, de los Menéndez, vivíamos en los galpones de esquirla, hicimos instrucciones en el cerro y después se hizo la división de los que iban a ir a Malvinas. El 10 de abril nos embarcaron y nos llevaron, llegamos y nos encontramos con algo inhóspito, una zona distinta”, describió. Y reconoció que “en mi grupo no tuvimos problemas de castigos, sí hubo veces en que tuvimos que matar corderos para alimentarnos, no teníamos agua, sacábamos la escarcha, el hielo que se formaba en las grietas de las rocas, y lo chupábamos”.


“Hay muchas cosas que quedaron atrás porque no correspondía, y quedaron atrás”, dijo y lamentó que el Gobierno se interese en otras cuestiones, “dicen que no hay plata, no nos terminaron de dar lo que nos corresponde y ahora reconocen a exsoldados de entonces como casi veteranos; el sueldo provincial es de 3.500 pesos, mientras que en Buenos Aires es de 21 mil y en Corrientes está entre 12 y 18 mil”.


Al igual que Moreira, afirmó que para dejar todo atrás lo ayudó mucho la familia, “tengo, gracias a Dios a mi señora, que en mis épocas malas me contuvo mucho, a mi madre, vinieron los chicos y me aferré; tuvimos épocas malas, estuve un tiempo en Buenos Aires, cuando la desmalvinización nos echaron del trabajo, porque decían que estábamos todos locos; me largué a hacer changas, conseguí un lugar en Editorial Kapeluz, que después presentó quiebra y al tiempo comencé a trabajar por mi cuenta, mi oficio es carpintero, fui comprando algunas maquinitas, tengo un taller chiquito, así sobreviví”.


Franco, porque entiende que “debe devolverle algo a la sociedad por todo lo que le dio”, lleva adelante una movida solidaria, colaborando con quienes menos tienen acercando bastones y sillas de ruedas restauradas, trabajo en el que su esposa lo acompaña incondicionalmente.


Muchos son los héroes que anónimamente pasan sus días en los más de 29 mil kilómetros cuadrados de tierra colorada llevando en sus almas y en sus cuerpos las cicatrices de “una guerra que no debió ser” y su mensaje no está en una biblioteca, está en vivo, los 364 días del año, no solo el 2 de abril.

Diario Primera Edición